Evangelio y Teología en Gálatas

N.T. Wright

La palabra “evangelio” ha tenido una carrera de altibajos en el curso de la historia Cristiana. Durante el primer siglo, como veremos, se podía referir tanto a un mensaje proclamado en voz audible como a un libro sobre Jesús de Nazaret. En tiempos más recientes se ha usado para indicar una particular forma de reunión religiosa (una “reunión evangélica”) y como una metáfora de información completamente confiable (“verdad evangélica”). Muchos Cristianos hoy, cuando leen el Nuevo Testamento, nunca cuestionan lo que la palabra significa, pero se asume que, puesto que ellos saben desde su propio contexto lo que es el “evangelio”, Pablo y los demás tenían que haber querido decir la misma cosa.

El problema es, por supuesto, que aunque obviamente hay conceptos difíciles en el Nuevo Testamento, los cuales mandan a cualquier lector inteligente a los comentarios y diccionarios, hay otros que de hecho son igualmente difíciles pero que no son reconocidos como tales. “Nos hacemos de las ayudas cuando los pasajes difíciles son manifiestamente difíciles. Pero hay pasajes engañosos los cuales no nos mandaran a las notas. Se ven fáciles, pero no lo son.” Parte del propósito de la erudición, dentro de lo académico y de la Iglesia, es exponer la debilidad de las suposiciones usuales, para preguntar las preguntas no preguntadas y para dar las posibles alternativas. Aunque él esté o no de acuerdo con las propuestas que daré, se que Richard Longenecker comparte esta visión del propósito de la erudición. De hecho, es en parte porque él y otros han creado maneras de seguir esta visión que yo, en compañía hoy de muchos otros, ahora tengo el coraje de hacerlo también. Estoy por lo tanto seguro que el estará contento considerar y quizás de contradecir, mis argumentos como lo ha estado haciendo previamente en muchas ocasiones, en debates que formales o informales, siempre han sido calientes y animados.

Para llegar al significado de “evangelio” dentro de los límites de la carta a los Gálatas, debemos volver a la vieja pregunta: ¿de dónde vino la idea y que ecos llevó la palabra en consecuencia tanto para Pablo como para sus lectores? Sugeriré que las dos respuestas más normales a estas preguntas han sido erróneamente puestas una contra la otra, y que cuando examinemos a las dos más de cerca descubriremos las convergencias que hasta ahora no han sido exploradas. Esto nos permitirá inspeccionar las ocasiones en que encontramos la palabra “evangelio” dentro de Gálatas,, con nuestros oídos templados de nuevo a los matices que después de todo pueden haber estado presentes tanto para Pablo como para sus oyentes. Así descubriremos un énfasis dentro de la carta que normalmente no se le ha dado, en mi opinión, el peso que se merece…

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